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Las universidades y el compromiso de seguir enseñando

Por Laura Garbarini (UNLa), Silvia Martinelli (UNLu) y Verónica Weber (UNLPam). Integrantes del Comité Ejecutivo de la Red de Educación a Distancia de Argentina del Consejo Interuniversitario Nacional.

Nota publicada en web CIN.



En esta presentación compartiremos algunas reflexiones sobre el rol de la enseñanza universitaria en este contexto de pandemia, a partir de la experiencia de la Red Universitaria de Educación a Distancia de Argentina (RUEDA) del Consejo Interuniversitario nacional (CIN).

La mayor parte de las más de 50 instituciones universitarias nacionales y provinciales que conformamos esta red estamos acompañando la decisión política de seguir dando clases en esta coyuntura, bajo la opción pedagógica a distancia, fundamentalmente, porque creemos que la continuidad pedagógica del ciclo lectivo es una forma de hacer efectivo el derecho a la educación.

Entendemos que en el acuerdo para garantizar la continuidad pedagógica firmado entre el CIN y el Ministerio de Educación de la Nación renueva el compromiso universitario para con la Patria y se actualiza en esta coyuntura la misión social de la universidad como bien público.

En las universidades nacionales argentinas son históricos y sostenidos los principios de autonomía, cogobierno, libertad de pensamiento y gratuidad. Y, desde la vuelta a la democracia, estos conceptos se han enriquecido incorporando explícitamente el valor del compromiso social como una dimensión igualmente trascendente de la vida universitaria, una universidad comprometida con la comunidad de la que forma parte.

Valoramos los esfuerzos realizados para la recuperación de un Estado presente, capaz de actuar cada vez más y mejor como garante de los derechos de todos, tanto en cuestiones que hacen a la vida de la ciudadanía en general, como a la de los universitarios en particular.

Los integrantes de RUEDA somos representantes rectorales, y tenemos el mandato de promover el uso de las tecnologías digitales con criterios de pertinencia e inclusión social.

Nuestro propósito como red es consolidar el espacio de debate político -académico, de reflexión e intercambio para el análisis, diseño, coordinación, ejecución y evaluación de acciones de educación a distancia y educación mediada por tecnologías en el seno de las instituciones universitarias nacionales, formalizado por la RUEDA desde agosto de 1990, con la finalidad de promover la calidad de las propuestas académicas y fortalecer la democratización de la educación.

En este camino, las universidades argentinas formalizaron en 2017 la elaboración de sus Sistemas Institucionales de Educación a Distancia (SIED), algunos más avanzados, otros en sus inicios, todos en construcción permanente, ya que son evaluados cada seis años.

Esta formalización es resultado de una normativa ministerial, producto de varios años de trabajo y debate colectivo de una red federal, plural, diversa, como son diversas las realidades regionales e históricas de las universidades nacionales.

La necesidad de diseño del SIED y la experiencia de los procesos de acreditación de estos sistemas han comprometido a las universidades a diálogos internos dentro de cada comunidad educativa para reflexionar sobre las posibilidades de trabajo con las mediaciones tecnológicas. En este proceso se hizo imprescindible repensar la gestión, la formación docente, las características de los estudiantes, ya que cada SIED recobra sentido en el marco de su institución. Son propuestas situadas, porque están contextualizadas en las distintas realidades en las que las universidades desarrollan su actividad académica.

Esta coyuntura de pandemia, por ser inesperada y sorpresiva, interpeló a las universidades y a sus SIED a dar respuesta inmediata, pero no una respuesta improvisada, ya que, si bien los tiempos no permitieron desplegar completamente los saberes y experiencias desarrolladas para la formación docente -necesaria para el desempeño en la modalidad a distancia-, en cada universidad se definieron estrategias de trabajo para afrontar esta peculiar situación.

Gracias a los antecedentes con los que cuenta la red, se han podido elaborar propuestas que permiten afrontar esta coyuntura. Con diferentes realidades, con diversos recursos y posibilidades de conectividad, las universidades nacionales proponen alternativas, en diálogo con su comunidad académica y en continuo proceso de mejora.

 

Antecedentes de la educación a distancia en Argentina

La definición “clásica” dice que la educación a distancia es una modalidad que permite superar las limitaciones de tiempo y espacio, dedicada, especialmente, a aquellas poblaciones que, por razones familiares o laborales o por estar aislados geográficamente, no podían acercarse a las escuelas o instituciones educativas en general.

Es decir, tiene en cuenta a los estudiantes con otras realidades, otras necesidades, otras posibilidades.

Por otra lado, consideremos la antigüedad de la educación a distancia: si pensamos en la relación pedagógica mediada que la caracteriza, habría que situarse en los finales del siglo XIX, con las ofertas de enseñanza por correspondencia que aparecen en anuncios en periódicos de Boston hacia 1870 de la enseñanza de la taquigrafía por parte de Isaac Pitman, que él mismo había inventado en 1840, utilizando el Penny Post.

En nuestro país se puede mencionar como antecedente que, en 1935, la Escuela de Guerra de la Armada impartía cursos por correspondencia a sus oficiales y en 1940 se registra la comercialización de cursos de capacitación para adultos en un oficio. Entre las instituciones que distribuían estos cursos a distancia estaba la famosa Escuela Panamericana de Arte que divulgaba sus propuestas en numerosas revistas de historietas.

Para documentar ese recorrido, entre 2005 y 2007 desde la RUEDA llevó adelante el Programa de Investigación Histórica de la Educación a Distancia en Argentina. Se constituyó en un desafío inédito, pues su gestión fue cooperativa. El programa relevó datos de 1091 proyectos y 249 instituciones entre 1970 y el 2000.

En el marco de esa investigación, se señala que las instituciones públicas nacionales comenzaron a trabajar formalmente en educación a distancia en la década de 1960 cuando nació Telescuela Primaria y en 1963 Telescuela Técnica, dependientes del Ministerio de Educación una y del CONET la otra. Entre 1971 y 1975, con la intención de aplicar la radio y la televisión a la educación, el Ministerio de Educación incluyó en el Plan Nacional de Desarrollo y Seguridad distintos cursos a distancia.

Otro momento necesario de destacar es que, para 1970 en la creación de la Universidad Nacional de Luján, la comisión de estudios de factibilidad destaca como uno de sus ejes estratégicos “el fomento de la educación a distancia, el abordaje educativo de las tecnologías“. En 1979 se funda la Asociación Argentina de Educación a Distancia.

Desde esos momentos, en todas las universidades se fueron presentando programas y proyectos. Sirve mencionar uno multitudinario, UBA XXI, de 1985, pensado y dirigido por la siempre presente Dra. Edith Litwin que utilizó materiales impresos, programas de radio, consultas a tutores por teléfono y con apertura de subsedes en distintos lugares del país.

En 1990 se creó la RUEDA y para 1992, en Mar del Plata, miembros de las universidades que la formaban en ese momento elaboran el documento “Lineamientos de política en educación a distancia” y se acuñó la definición: “La educación a distancia es una alternativa del mismo valor académico que la presencial, con características peculiares que le permiten adaptarse mejor a determinados problemas, cuestiones o contenidos respondiendo a políticas de democratización y mejoramiento de la calidad de la enseñanza”.

A posteriori, la RUEDA se convirtió en organismo consultor del CIN. Para el 2004 el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología promulgó la Resolución 1717/04 que regularizó la validez nacional de títulos de grado y posgrado desarrollados en modalidad a distancia.

La Ley de Educación Nacional N° 26.206/06 dedica el Título VIII a la educación a distancia y la define como “una opción pedagógica y didáctica aplicable a distintos niveles y modalidades del sistema educativo nacional, que coadyuva al logro de los objetivos de la política educativa y puede integrarse tanto a la educación formal como a la educación no formal”.

Entre 2015 y 2017, la RUEDA participó activamente de la reformulación de la resolución 1717/04 y se aprobó el documento sobre la opción pedagógica y didáctica de educación a distancia propuesto por el Consejo de Universidades. En la resolución surgida, la 2641/17, se estableció la formulación de los Sistemas Institucionales de Educación a Distancia (SIED) y sus mecanismos de validación.

Este breve recorrido intenta dar cuenta que en la educación a distancia existe una genuina intención de acercarse a los estudiantes, ir hacia ello, tender puentes, es decir, es un sistema que nace con la impronta de lograr el acceso y la continuidad de estudios, de democratizar el conocimiento.

Las universidades tenemos mucho recorrido investigado y publicado sobre la educación a distancia, una modalidad que reafirmamos tiene el mismo valor que la presencial y como tal es regulada por la Ley de Educación Nacional y por normas y resoluciones propias de nuestras instituciones.

Sin renunciar a los legítimos reclamos como trabajadores y trabajadoras de la educación, sostenemos que incluir educación a distancia en las aulas universitarias es entender, en este tiempo histórico, que es el lugar donde tenemos que estar sosteniendo la continuidad pedagógica porque tenemos como opción pedagógica, posibilidad y valor a la educación a distancia.

 

Interrogantes y tensiones en el contexto actual

En el contexto planteado y tomando en cuenta los antecedentes de la educación desde la RUEDA y mientras avanzamos en la definición de propuestas de la red y de cada universidad, se nos plantean una serie de interrogantes y tensiones en esta situación emergente, imprevista y extraordinaria que nos interpela y nos obliga a preguntarnos si hay que seguir dando clase o no; y, si respondemos afirmativamente, la pregunta obvia es cómo dar clase.

Ambas preguntas tienen su primer nivel de respuesta en las definiciones del Estado, que apoyan la continuidad de las clases en todos los niveles del sistema educativo, lineamiento al que adscriben la mayor parte de las universidades nacionales. En un segundo nivel de respuesta, aparece la preocupación por aspectos tecnológicos, pedagógicos y didácticos para un contexto de emergencia, imprevisto y repentino.

Desde RUEDA tenemos la convicción política y pedagógica de que es importante seguir dando clases y que es fundamental hacerlo desde la la modalidad a distancia como campo de saber específico de larga data en el mundo y en nuestro país.

En este sentido, interpretamos el actual como un momento único y potente en el que se evidencia la necesidad de incorporar mediaciones tecnológicas para enseñar. Cada universidad dispone de experiencia, estudio e investigación en el campo que permite a cada una elegir entornos, herramientas y recursos disponibles y/o posibles, en el marco de proyectos, programas y propuestas de intervención específicas en cada institución. En este contexto identificamos un riesgo que es también una tensión: la educación a distancia ha sido concebida a lo largo de su historia como una opción devaluada, considerada alternativa y de menor calidad, suele no reconocerse su potencialidad.

En el contexto actual, los aportes que se hagan desde esta modalidad sin duda van a mejorar los procesos que se desarrollen en cada caso. Sin embargo y sabiendo que va a traer grandes beneficios, tememos que la modalidad sea evaluada por lo que suceda en este contexto particular. La trampa que advertimos es: la educación a distancia es una opción que no se construye en unas semanas (así como tampoco se aprende a dar buenas clases presenciales en unas semanas). Entonces los SIED en cada universidad aportan propuestas y proyectos integrales de formación y desarrollo. La existencia de los SIED posibilita que esto suceda. Sin duda será un gran avance para la educación a distancia… Pero la educación a distancia es mucho más que esta contingencia en la que avanzamos más o menos organizadamente, apoyados en las construcciones previas en cada caso.

Desde la RUEDA alentamos a que cada universidad, cada facultad, cada departamento y cada docente revise, repiense y redefina sus clases tomando en consideración el contexto, la situación y las características de la institución, sus profesores y sus estudiantes y que para eso pueda aprovechar todos los aportes que se realizan desde la enseñanza y desde la modalidad. En los casos en que desde los SIED se estén organizando sistemáticas propuestas, programas o proyectos formativos aprovecharlos. Cuando no los haya de modo centralizado o institucional, aprovechar los recursos y herramientas que otras universidades nacionales y organismos gubernamentales y no gubernamentales ofrecen. Es decir, si bien en modo general, las universidades están desarrollando acciones en este sentido, aunque no todas son compulsivas o sistemáticas. En esos casos, como la RUEDA, los docentes del sistema universitario y de otros niveles pueden aprovechar las producciones y propuestas compartidas.

También, es importante señalar que no todo se puede virtualizar. Sin duda habrá contenidos, prácticas y propuestas que no pueden desarrollarse con mediación tecnológica. Desde nuestra perspectiva en cada institución serán casos a revisar y postergar hasta que se pueda volver a la presencialidad. Eso no implica dejar de impartir clases a través de lo que se considera presencialidad mediada, en la medida de lo posible.

Otra de las tensiones que identificamos refiere a por qué dar clase, y esto se relaciona con el derecho a estudiar de los estudiantes. Aquí nos preocupa la idea que sobrevuela (y vinculada a la tensión anterior) que supone que el a distancia bajará la calidad. También y relacionado con este punto, el temor a que los estudiantes no tengan los recursos simbólicos y materiales (dispositivos o conexión) necesarios.

En este aspecto, en primer lugar, decimos que las universidades a través del CIN están trabajando en mejorar las condiciones (facilitar acceso, conseguir que no consuma datos la navegación en entornos virtuales institucionales, etc). En segundo lugar, aclaramos que hay muchos estudiantes que van a poder acceder y es bueno que lo hagan. Reconocemos la posibilidad de estudiar en el tiempo que vamos a estar en aislamiento, que, además, para algunos, va a ser una buena oportunidad para avanzar en las carreras.

Claro que no somos ingenuos y entendemos que para muchos va a ser difícil, no solo porque no cuenten con conexión a Internet o porque el celular disponible no alcance para participar en las actividades virtuales, sino porque la situación económica, social y de salud haga complejo el momento. Estaremos esperando a todos los  estudiantes que no puedan o no quieran participar de la modalidad en el otro cuatrimestre. Pero queremos acompañar a todos los que sí puedan, dado que creemos fundamental que el Estado esté presente en este tiempo tan extraño y “líquido” que nos toca, y eso no es solo por el estudio. Entendemos que para muchos va a ser la conexión con el mundo y con una proyección positiva y a futuro.

Como última tensión,entendemos la preocupación de los docentes. Cuidarlos, cuidarnos atendiendo a nuestras obligaciones sin perder de vista los derechos. ¿Cómo pueden dar clase en una opción para la que no se formaron? Desde la RUEDA estamos convencidos de que el trabajo que se suele hacer presencial se puede hacer mediado tecnológicamente, no porque creamos que la manera de hacerlo sea poniendo una cámara y haciendo lo mismo que se hace en la presencia… Sino, construyendo mediaciones adecuadas para acompañar, guiar, explicar, desde otros recursos (una guía, un video, una actividad de intercambio en un foro).

Evidentemente, no es fácil esta traducción (así como para pasar de un idioma otro hacen falta traducciones que no son literales). La posición mayoritaria de la RUEDA considera que si preguntamos sobre si aprender a enseñar a distancia es posible en unas semanas, la respuesta sería no. Pero si la pregunta es si es mejor no hacer nada (en este contexto que no elegimos ni las instituciones, ni los docentes, ni los estudiantes), la respuesta es que, por supuesto, todo lo que hagamos va a ser mejor que nada.

Respecto del tiempo de trabajo y de estudio, hay un mito que supone que si las propuestas están disponibles las 24 horas, el tiempo de trabajo va a ser de todo el día a toda hora. Desterramos ese mito desde la RUEDA. Es fundamental definir encuadres adecuados que contemplen el trabajo docente con los tiempos en los que está previsto.

En mayor o menor medida y en el marco de diferentes proyectos, las universidades venían trabajando en propuestas completa o parcialmente virtuales (o en el apoyo a la presencialidad). En eso hay grandes diferencias entre instituciones, pero en las últimas semanas en todas ellas se crearon gran cantidad de aulas y diseñaron entornos de diferente tipo para construir comunicación y espacios de enseñanza y aprendizaje y en eso se está trabajando en cada SIED, con las diferencias que en cada institución se plantean y en donde promovemos que se asuma que, en un cuatrimestre extraordinario, habrá resoluciones ministeriales, institucionales y de cada asignatura que serán excepcionales también.

Este es un momento crítico. Es, también, una interesante oportunidad de repensar la enseñanza, desmitificar las propuestas, revisitar lo que hacemos, explorar nuevos formatos, entornos, posibilidades con las tecnologías de la época que nos toca. Lo mejor que puede pasarnos es que transitemos el cuatrimestre junto a nuestros estudiantes compartiendo con cada uno de ellos las incertidumbres, las inquietudes, las preocupaciones y ocupaciones en este tiempo desconcertante.

Ojalá que lo aprovechemos para estar juntos, para que quien quiera y pueda avanzar en sus estudios tenga la oportunidad de hacerlo.

Para finalizar, esperamos que al terminar el período de aislamiento social, preventivo y obligatorio seamos mejores profesores porque nos hicimos cargo de la situación, porque acompañamos y estuvimos presentes con nuestros estudiantes, porque nos cuidamos entre todos para estar bien. En definitiva, es nuestro deseo que la experiencia de este tiempo nos modifique, nos ayude a crecer y nos sirva para aprender.

 

Reflexiones presentadas el miércoles 1° de abril de 2020 en la serie de webinars “Educación y creatividad en tiempos de #coronavirus”, organizada por Wikimedia y la Universidad Virtual de de Universidad Nacional de Quilmes , a quienes agradecemos la invitación a participar.